jueves 2 de septiembre de 2010

La Liga (Parte 1)

Era un tipo idealista. Realmente deseaba tener un grupo donde contar sus aventuras en el ámbito del crimen. Un lugar donde sentirse escuchado y comprendido. Donde todo ladrón pudiese contar y jactarse de sus hazañas. 

Robar casas no es tan divertido si no tenés con quien comentarlo, había perdido ese no sé qué. Esa chispa de cuando empezó, de cuando robó su primera cabaña, esos nervios, esa adrenalina. Ahora era más rutinario el tema. Lo tomaba casi como un trabajo. Una casa por día. Era monótono y hasta aburrido. Tenía que encontrarle la vuelta. Algo como una competencia entre pares. Competir por ser el mejor ladrón del mes o del año, era un reto más que aceptable.
Frecuentando algunos bares y con cierta reputación a cuestas, le llegó el comentario de la existencia de La Liga. El título no podía ser más específico por temas meramente legales, y evidentes.

La Liga. Sus oraciones parecieron ser escuchadas. Un lugar donde los participantes compiten. Traen sus botines. Indican que casa robaron, qué robaron en esa casa. Se los evalúa en base a la dificultad y al botín obtenido. Hay un jurado, por supuesto. Hay reglas. Hasta rankings, se elige el Ladrón del mes, y del año. Se entrega un trofeo. 

Un trofeo. Eso es lo que necesitaba. Un estímulo. Casi que saltó de la emoción cuando se enteró de los desafíos. Así era como uno ganaba la fama que tenía. Había distintos escalafones. Los desafíos por lo general eran objetivos concretos. Casas de famosos, de millonarios, y el botín se los quedaba el dueño de la Liga. El Ladrón solo ganaba prestigio. 

De todas maneras, para ingresar a la Liga, había que cumplir ciertos requisitos. No se le permitía el ingreso a cualquier ladronzuelo con ganas de probar cosas nuevas, no. Era una organización seria. Y sumamente secreta. Nadie conocía su existencia, y si la conocías es porque te estaban invitando a participar. Rara vez un ladrón rechazó la invitación. No era común, y solo había sucedido alguna que otra vez, en más de 100 años de ejercicio.

Había un comité con eximios ladrones de otras épocas, que buscaban constantemente nuevos talentos. Se los estudiaba durante un tiempo. La Liga era lo que era, en parte gracias a este Comité. Solían desechar cientos de aspirantes por semana. 

Cuando alguno tenía cierto talento o alguna cualidad que a la Liga le podría servir, se lo estudiaba, sin apuro. No era una carrera contrarreloj. No había una fecha de entrega que respetar. No se podían equivocar. Cuando invitaban a un ladrón, tenían que estar convencidos. Revisaban sus trabajos, debatían, y luego votaban. El comité estaba formado por 7 personas. Y para que a un ladrón le llegue la invitación, la votación tenía que ser unánime. 7 a 0, o nada. 

Los mismos integrantes proponían nuevos miembros. Si un ladrón era rechazado por el comité, demoraría entre 6 y 12 meses volver a analizar su caso. Consideraban que el ladrón se podría perfeccionar. Por eso siempre había un segundo, tercer, cuarto análisis. Claro que la gran mayoría, podían analizar su caso 10, 20 veces, que nunca serían invitados. Era un grupo de élite. Y eso no iba a cambiar.

En cuanto el ladrón ingresaba a la Liga, sus metas cambiaban notablemente. Sus objetivos pasaban de acumular dinero, de tener una vida tranquila y portentosa, a lograr integrar en un futuro, el comité de la Liga. Más allá de los premios, del dinero, de todo, el Comité lo integraban los mejores 7 ladrones vivos retirados de la historia. Y vaya que eso no era poco. El comité era venerado, respetado, homenajeado, era todo en la Liga. El dueño era quien se llevaba el dinero de los desafíos, de la suscripción mensual de los socios, etc., pero el comité se llevaba el honor, el reconocimiento. El ser mejor que los demás. Un mimo al ego.

Y al Fantasma le llegó la invitación. Su caso fue estudiado con detenimiento. El talento del muchacho era innegable, pero se había vuelto descuidado en los últimos meses. El comité no pasó por alto este detalle, pero había atenuantes. El Fantasma estaba aburrido. Y quizás los descuidos le daban un poco de emoción. El riesgo a ser atrapado. Asumieron que ingresando a la Liga, las metas del Fantasma se renovarían. Y no estaban equivocados. (CONTINUARA!!!)

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