Así que tomó la decisión mas estúpida que podría haber tomado. Agarró el cofre, y saltó por una de las ventanas laterales de la casa, dejando totalmente atónitos al Sheriff, al Borracho, y al resto de la gente del pueblo. El silencio duró apenas unos segundos. Luego un aldeano distraído efectuó el primer disparo, entendiendo que hacía unos segundos había un tipo con un cofre y de repente no estaba mas, se había perdido algo, quería una explicación. A ese primer disparo, le siguieron varios mas, con destino incierto. No sabían a que le estaban disparando, ahí ya no había nada. La frustración era completa.
Cuando cayeron en la cuenta de que solo tenían que salir de la casa, ya era tarde. Mike había huido. Con una fortuna bajos sus brazos. Ese mismo día, El Sheriff decidió poner una recompensa por la cabeza de Mike. Era lo justo. El tipo, presumiblemente mafioso, huyó con una fortuna que no era de él. La recompensa no era cuantiosa, pero debido a los gastos absurdos en que habían caído los pueblerinos, cualquier suma por matar a un forastero con un cofre de monedas de oro, era una buena suma.
Mike tenia un cofre y a todo el rancho tratando de matarlo para sacárselo. Podría multiplicarlo, 100, 200, 300 cofres, y todos quedarían contentos. Pero... ¿ Qué pasaría cuando les queden pocas monedas? Volverían a buscar mas cofres o matarían a sus vecinos para conseguir el suyo. Tenia que haber otra respuesta.
Por su parte el Sheriff se sintió humillado por como Mike huyó con el cofre. Era La Ley hecha persona, la autoridad máxima, casi el dios del pueblo, y fue burlado y humillado. Esto ya era algo personal, mas allá de la recompensa que recibiría por entregarlo a las autoridades nacionales, de la fama por atrapar al mafioso mas peligroso de la región, ahora quería matarlo y punto.
El Cantinero estaba aliviado por seguir con vida, pero decepcionado por como Mike le había arrebatado el cofre, a fin de cuentas el cofre era suyo y con un par de palabras dulces, se lo arrebató.
Pasaban los días, las semanas, y nadie podía encontrar a Mike. Algunos pocos hasta desistieron, asumiendo que había abandonado el rancho, lleno de oro y de drogas. Lo empezaron a buscar por los pueblos aledaños, luego se fueron a los un poco mas lejos. En poco tiempo, Rancho Nefasto estaba desierto, todo el pueblo había salido a buscar a Mike.
En una de las rutas se cruzaron los antiguos socios, el borracho y el cantinero.
C: - Tuviste suerte?
B:- No. Ese desgraciado se esfumó. Tengo la intuición de que aún está en el rancho
C:- A menos que sea invisible, eso no puede ser cierto. No quedó ningún rincón sin requisar.
B:- Se nos tiene que haber pasado algo por alto. Es un dealer, no nos olvidemos. Lleva en los genes como esconderse cuando lo están buscando.
C:- Creo que tengo una idea. Vamos.
El dúo nefasto, nuevamente unido por un interés en común, regresó al rancho, y se dirigieron directamente a la taberna. Por alguna extraña razón, no la habían revisado. Al entrar, casi que se desmayan al ver el panorama. Había un cofre. Dentro del cofre no había monedas de oro, pero si droga, mucha droga.
Lentamente los pueblerinos de Rancho Nefasto fueron volviendo a su hogar, frustrados por la búsqueda infructuosa, por no poder recibir la recompensa, por no poder hallar el cofre con las monedas de oro, porque un forastero se escapó con su fortuna. El ánimo general estaba por el piso.
Algunos pocos empezaron a cavar de nuevo. Los cofres tenían que estar en algún lado. No se podía haber llevado todos. Pero los días pasaban y los centenares de cofres no aparecían.
Por otro lado un rumor invadió las calles del Rancho. Se vieron pequeñas dosis de droga desparramadas por la plaza central, como avisando que un nuevo dealer había entrado al rancho.
El Sheriff vio con buenos ojos estas señales. Creía que Mike no había abandonado el rancho, solo que ahora lo manejaría desde el anonimato, pero él, tarde o temprano, lo atraparía y sería el héroe que estaba destinado a ser.
Luego de proveer de una dosis extremadamente generosa de droga al dúo nefasto, con la que este podría, ademas de ganar dinero, mantener distraído al Sheriff y al resto del pueblo, Mike abandonó el rancho, en busca de otro pueblo donde no lo quieran matar y donde pueda ser quien es, un tipo, que mas allá de todo, tiene un poder. FIN
Autor: Dario Alejandro Besada
Edad: 29 Años
Fecha: 15/05/2012