Una derrota difícil de digerir
Entré a su casa y vi el trofeo en la vitrina. Me dio mucha bronca. No es que tuviera una colección de trofeos. Tenía ese. Uno solo. Como si hubiera organizado toda la decoración del living para que yo lo viera apenas entrara. No sé para qué fui a su casa. Tampoco sé para qué me invitó. Vale aclarar que el tipo tiene algo magnético, hipnotizante. Debe haber usado sus encantos para que yo no pudiera rechazar la invitación. Es la única explicación razonable. No siempre me había caído mal. Cuando éramos adolescentes no éramos íntimos amigos, pero teníamos cierta cercanía. Él tenía algo raro, eso era indiscutible. Su figura descarnada contrastaba con la mía, producto de años de entrenamiento estricto. Mis brazos, fuertes y venosos, parecían pertenecer a otra especie comparados con los suyos, completamente flácidos. Sin embargo, tenía un éxito arrollador con las mujeres. Sus conquistas despertaban la envidia de todos, incluyéndome. Nunca entendí qué corno le veían. Yo tenía músculos, discipl...