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Cuentos para no pensar tanto (El Libro)

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 Ya está publicado mi libro Cuentos para no pensar tanto, una colección de 50 cuentos breves. Gracias a Rubin Editorial por hacerlo realidad. Lo podes conseguir en: Busca Libre:  Cuentos para no pensar tanto Amazon:  Cuentos para no pensar tanto Mercado libre:  Cuentos para no pensar tanto LIBRERIAS: COLEGIALES *R&R LIBROS: Ramón Freire 1536 FLORES *LIBRERIA PATRIA GRANDE: Av. Rivadavia 6369 *FERIA DEL LIBRO EL ALEPH: Av. Rivadavia 7033 SAN NICOLAS *OBEL LIBROS: Av. Corrientes 1230 SAN TELMO *LIBRERIA LA LIBRE: Chacabuco 917 VILLA CRESPO *FETICHE LIBROS: Thames 744 VILLA URQUIZA *JB LIBROS: Andonaegui 3059 *EL LUGAR DEL LIBRO: Blanco Encalada 5027 Los 50 cuentos que incluye este libro son: El infiel de los Lunes 12 Cenando con mi ex El heroe silencioso Futuro prometedor Un segundo más De racha Del amor al odio El bar El casting El cómico El éxamen El hilo rojo El hotel Oxford El impostor El Mágico El pacto El último suspiro Emboscada En pandemia también se gime H...

La bóveda de la pileta

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Pedro tenía 10 años cuando finalmente pudo inaugurar su ansiada pileta. Todo eran expectativas en el barrio. Habían tardado dos años en construirla. Dos veranos enteros viendo como los chicos de su edad iban a clubes para poder tirarse de bomba, porque de cabeza estaba terminante prohibido hasta los quince. Dos años para una simple pileta parecía una exageración absurda, así que los rumores no tardaron en propagarse. El más oscuro decía que habían tardado tanto porque abajo habían construido una bóveda especial donde guardaban los cuerpos de todos los niños que habían desaparecido en los últimos años en el barrio, pero el que corría con más fuerza era que dentro de la bóveda (que allí había una bóveda era algo que nadie ponía en duda) estaban los lingotes de oro que ya no entraban en la caja fuerte de la mansión. La incertidumbre de Pedro era total. Había exigido a sus adinerados padres una pileta para así ganar popularidad con los chicos de su edad, a los que les encantaría poder dec...

El pequeño bandido

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  Mi primera novela estaba terminada. Después de años de esfuerzo y dedicación, la historia del gato detective finalmente iba a llegar a todas las librerías del país. Había intentado escribir una obra profunda, llena de capas interpretativas, de esas que obsesionan a los críticos literarios, pero terminé inclinándome por la literatura infantil, un género mucho más acorde al nivel de mi escritura. El Detectigato —como esperaba que lo bautizaran las redes sociales— vivía cientos de aventuras y resolvía crímenes con una mezcla de torpeza y obesidad que yo consideraba encantadora. Imaginaba niños fanatizados, mochilas con su cara, tazas, dibujos animados. Bueno, nada de eso sucedió. Las primeras reseñas fueron tan despiadadas que la editorial me envió los cinco mil ejemplares directamente a mi casa para que yo mismo los vendiera. Se lavaron las manos con una elegancia espantosa. Estoy convencido de que, si hubiera sido legal, le habrían arrancado el sello editorial a cada libro con una...

Un faltante imperdonable

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Vendida! Manuel escuchó a la agente inmobiliaria y entró en pánico. Su familia había puesto en venta la casa hacía muchos años y, como no lograban venderla, él se la había apropiado. Había construido un sótano donde tenía enterradas a todas sus víctimas. Y ahora todo eso saldría a la luz en cuanto los nuevos dueños revisaran el sótano. El olor era insoportable. Había pensado en ir mudando a sus víctimas a un bosque cercano, lejos de ojos chismosos y narices sensibles, pero creyó tener más tiempo. No entendía cómo habían vendido la casa si ni siquiera la habían mostrado a ningún interesado. El pequeño cementerio de ese sótano contaba con muertos muy heterogéneos. Había católicos, judíos, nazis, comunistas, evangelistas, astrólogos, youtubers, hippies y hasta algún que otro enano. Su bien más preciado era un amuleto que le había robado a su primera víctima: un hada de madera, a la que solía pedirle muchas cosas, como si fuera capaz de concederle sus deseos más oscuros. Agarró el hada con...

Te fuiste

 Llegué a casa y no estabas. Revisé el patio, baño y nada. Finalmente habías cumplido tu promesa de cuando nos conocimos: "No te enamores de mí, que tarde o temprano te voy a abandonar" Tonto de mí en pensar que iba a poder sortear esa maldición.  Voy a extrañar tus caricias, tu piel pegada a la mía, tu amor incondicional (aunque algo efímero si me preguntan) y tus extravagancias de las que nuestros conocidos hablaban en fiestas.  Voy a extrañarte horrores y no creo ser capaz de perdonarte en esta vida.  Me enamoré sin remedio de tu mirada, de tus travesuras, de como trepabas mi cuerpo por las noches, de nuestro mundo. Cómo olvidar cuando fingiste demencia luego de hacer añicos el espejo familiar que había sobrevivido a guerras mundiales y mudanzas imposibles, pero con vos no pudo hacer nada. Tuvimos nuestras crisis, no hay manera de negarlo. Recuerdo tu furia desenfrenada ante la visita de alguna indeseable, tus celos desbocados ante alguna caricia furtiva. Tuvimos ...

Objeto de deseo

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  Ella se recostó en el sillón y empezó a mover las piernas, invitándome a que le sacara esas botas brillantes. Pero claro que iba a sacárselas: para eso había ido. Sus ojos encendidos y esos gemidos desbocados turbaban a cualquiera. Pero yo no soy cualquiera. Le quité las botas una a una, con la mayor delicadeza del mundo, mientras mis manos inquietas rozaban sus esbeltas piernas. Cuando quedaron desnudas, intentó incorporarse para desabrocharme el pantalón. Fue entonces cuando agarré el botín y salí de la habitación. Quedó perpleja. Después gritó cosas que no llegué a entender. Esas botas habían sido mi obsesión desde la primera vez que se las vi puestas en una fiesta, y cuando me obsesiono con algo, lo consigo. Apenas llegué a casa bajé directo al sótano, donde guardo todas las reliquias que pude conseguir a lo largo de los años. Mi guarida está siempre cerrada con llave; de lo contrario tendría que soportar que mi esposa quiera usar —y profanar— alguno de mis más valiosos tesor...