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Experta en atracones

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  Corrió el armario, sacó el ladrillo flojo y miró dentro. La abuela le había dicho que tenía que haber al menos tres cuerpos, pero había muchos más. La habitación estaba repleta. El olor nauseabundo de la putrefacción le produjo arcadas. Tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no vomitar. Había de todos los tamaños y formas. No terminaba de entender como una abuelita tan malvada pero frágil había logrado meter, sola, todos esos cuerpos en ese habitáculo. Sola. Le parecía imposible. Puso todo en su lugar antes de volver a hablar con su abuela, no vaya a ser cosas que algunos ojos moralistas se encontraran con ese botín. Nieta: Hay un montón Abuela: Ah, fuiste a chusmear nomas Nieta: No te creía. Imaginate que venga tu abuela que tiene 300 años y te diga que tiene un par de cuerpos escondidos detrás de una pared? Abuela: No siempre tuve 300 años, antes era más… ágil y prolifera. Me puse una cuota semanal o quincenal y la cumplía a rajatabla. Pero con el paso del tiempo se me hi...

Insultos que importan

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El arquero había venido de afuera, de Colombia más precisamente, para ocupar el inmenso arco de Boca. No tenía grandes pergaminos, pero lo había recomendado una leyenda del club, y eso le allanó el camino. Los hinchas hubiesen preferido a alguien consagrado, con títulos encima y años de experiencia bajo los tres palos, no un X total que, encima, usaba un valioso cupo de extranjero. El debut fue caótico. Un error suyo desembocó en la derrota del equipo. Los hinchas, con nula paciencia, no tardaron en abuchearlo. Tardó un par de partidos en demostrar por qué lo habían traído. Una vez afianzado, fue una auténtica muralla. Se convirtió en el mejor arquero del continente y ganó todos los premios que le pasaban cerca. Además, contribuyó en los éxitos del club durante su estancia, obteniendo torneos locales y copas internacionales. Había ganado absolutamente todo lo que se podía ganar. Pero no todo era color de rosas: algunos hinchas lo seguían insultando todos los partidos. —¡Ponete las mano...

La bestia

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  Se despertó y estaba en un calabozo. No era de grandes dimensiones ni estaba solo. Otro joven de su misma edad lo miraba divertido. Joven 1: ¿Qué me pasó?  ¿Qué hago acá? Joven 2: Muchas preguntas. Te trajo el viejo. Estaba enojadísimo.  ¿Qué le hiciste? 1: ¿Un viejo? … Ah, ahora me acuerdo. Yo estaba caminando por la calle y me choqué con un viejo. Cuando me levanté, él estaba tirado, panza arriba, con las manos y patas al aire, cual tortuga. Creo que no pude contener la risa 2: Típico. Me pasó lo mismo. Exactamente lo mismo de hecho. Es su forma de caer. Y se enojó tanto por la burla que me drogó y me desperté acá, hace ya unos meses. 1: ¿Unos meses? Pero... mi mujer me espera para cenar! Es nuestro aniversario. Si la planto de nuevo, me deja! 2: No vas a llegar a esa velada romántica. Es que el viejo va tan en su mundo que choca y cae panza arriba. Es muy difícil no descostillarse de risa ante esa imagen 1: ¿Vos estas acá hace meses? ¿Cómo sé que no sos un ...

Tenes idea?

Por momentos te miro y me pregunto cosas. Cosas no tan profundas. Diría que son hasta cotidianas. A veces me pregunto si tenes idea las ganas que tengo de abrazarte y protegerte de este mundo cruel y efímero. Si tenes idea las ganas que tengo de caminar de tu mano hacia no importa donde? las ganas de desearte las buenas noches al oído en lugar de por teléfono? de pelearte por el lado de la cama? de pensar con que desayuno sorprenderte por las mañanas? de planear los domingos juntos?.  Si tenes idea las ganas que tengo de besarte, como si no hubiera un mañana, en cualquier esquina de la ciudad ante la mirada incómoda de los transeúntes? de presentarte a mis amigos, a mi familia, a mis gatos? Tenes idea las ganas que tengo de que planeemos un viaje a donde sea, con tal de pasar tiempo juntos?  Tenes idea los nervios que me nacen cuando te me acercas sonriendo? La tara mental que se me produce cuando me decis cualquier cosa? Tenes idea la cantidad de películas que me hi...

La vida son decisiones

  La vi sentada, charlando de la vida con nuestros amigos, de la mano de él. Pero eso no me llamó la atención, era algo habitual. Hubo algo en esa escena que me paralizó el corazón. La yema de sus dedos, sobre la palma de su mano. Estaba haciendo un círculo. Cada vez que su dedo llegaba al inicio, yo sentía un cuchillazo. Esa imagen transmitía lo peor. No era sexo, aunque imaginarla con él me revolvía el estómago. Era algo mucho peor. Cada vez que hacía un círculo completo con la yema de su dedo, yo podía ver intimidad. Como si esos fines de semana nunca hubiesen ocurrido, como si los viajes de él no la hubiesen hecho sentir abandonada. Como si todo estuviese espléndido entre ellos. Yo no podía dejar de mirar ese dedo haciendo ese círculo, hasta que en un momento determinado, me vio con la mirada clavada en esa mano. No lo terminó, presintiendo lo que significaba. Siguió contando anécdotas como si nada hubiese pasado. A la noche, ya solo en mi cama, recibí su mensaje:  E: No p...

Contando las monedas

 Entré al bar a las corridas, me puse el uniforme y empecé a atender el sinfín de mesas que habitualmente me correspondían. El  lugar no era precisamente un templo de la novedad y el vanguardismo, no. Hacía tiempo que venía perdiendo clientela por ese tema. Un punto básico era que no habia wifi. Le faltaba pintura, las paredes estaban a la miseria. El patroncito venia soñando con una fusión con una franquicia moderna pero parecía que era solo eso: Un sueño. La falta de inversión se notaba en las luces, las mesas, las sillas, los menues. Parecía un bar de 1920. A pesar de perder a todo el público joven, el bar contaba con sus fieles comensales, tal vez por tradición. Los pedidos que tomé no eran la gran cosa: Un café, un tostado, nada extravagante, salvo la vieja de la mesa 14 que quería un sanguche que había visto en otro bar, que tenia un montón de cosas y empezó a enumerarlas: jamón y queso, desde ya, algo de palta. Tenia huevo, pero no era huevo duro, sería algo así como hu...