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Colores

El verde saltaba alegremente. El rojo irradiaba intensidad, tenía ganas de vivir, como el azul y el naranja. Todos esos colores vivos bailaban y cantaban hasta quedarse afónicos. El gris no. Los miraba rezongando desde un rincón, sin entender porqué tanta alegría. Pensaba que tarde o temprano se cansarían de ese absurdo e infantil festejo y volverían a esa rutina donde él se sentía tan a gusto. Ingenuos, pensaba. La vida no es esto. La vida es responsabilidades, obligaciones. Trabajo. A estos colores les falta trabajar. Les falta el jefe que los tiene cortitos. Bailar y cantar despreocupadamente... Si el jefe estuviese acá... ahí los quiero ver. Nada de estos grititos de felicidad. El verde hacía bromas con el rojo, que lo abrazaba porque sí. El amarillo jugaba con el azul y se reían. La risa irritaba a al gris, al punto de pedir silencio a los gritos. Nadie le hacía caso. La fiesta era un éxito salvo por ese cascarrabias amargado. El gris apagó la música desconectando el equipo pero...

En línea

Agarré el cel y te vi en línea. Me corroen los celos por dentro pensar que estás hablando con otro. Miro fijo ese aparatito y seguís ahí. No estás en mi conversación. Hay otro que te mantiene despierta hasta estas horas como solía hacerlo yo. La idea me revuelve el estómago. Me imagino que te hace reír e ilusionar. Te imagino esperando un nuevo mensaje como yo espero el tuyo. Me imagino el sobresalto cuando ves que finalmente te escribió. Te imagino pensándolo. Me imagino cuando te invite a salir y no me lo digas. Porque no somos nada. Lo fuimos. Ya no. Yo quería seguir. Vos no. Me imagino los nervios de la cita. De la previa. Te imagino revisando el placard buscando que ponerte para estar linda. Para otro. Te imagino maquillándote para resaltar esa sonrisa que todo lo puede. Frente al espejo haciendo caras sexys que por vergüenza no se las vas a mostrar a él. Te imagino revisando la hora todo el tiempo para no llegar tarde. Dudando justo antes de salir. Mirándote al espejo pensa...

Carta de lector

Buenas tardes, mi nombre es Leopoldo y tengo 62 jóvenes primaveras. El motivo de esta carta es para refutar de plano el artículo del número anterior que aseguraba que las personas mayores de 60 años tienen sexo a los sumo una vez por mes. No se quien fue la descerebrada que escribió semejante barbaridad. Se nota que entrevistó a personas que no representan en lo más mínimo a la gente de nuestro rango etario. Es una falta de profesionalismo que lo hayan publicado así, sin chequear ni nada. Como les dije tengo 62 años y mi vida sexual es plena y placentera. Tal vez ya no puedo hacer algunas de las poses acrobáticas que leo en esta revista, pero la frecuencia es mucho mayor que una por mes. Yo diría que es una por semana si recibo los estímulos necesarios. Y si, los recibo. Mi mujer, Clotilde era muy fogosa en su juventud y aún le queda nafta en el tanque. Ella es chapada a la antigua y no sabe que leo esta publicación todos los meses. Se escandalizaría. Es una lástima, porque sería idea...

Deseos

La puerta se abrió y no era ella. Miraba el reloj con desesperación. La fiesta se estaba acabando y no aparecía. Fabián la había organizado únicamente por ella. Ya estaba harto de los cumpleaños, cenas monótonas e irse a dormir temprano. Hubiese preferido hacer otra cosa. No sabía bien qué pero estaba convencido de que había algo más divertido para hacer en su trigésimo cumpleaños. Sin embargo organizó esa pantomima para verla. No podía faltar. Le había dicho que tal vez pasase un rato. Tal vez. Esa duda lo carcomía por dentro. Si la fiesta terminaba y no aparecía, esa sería la señal inequívoca de que todo había acabado. Él jamás se perdería su cumpleaños. Jamás de los jamases. Por lo visto a ella le importaba todo bastante menos. Habían ido casi todos sus amigos. Las anécdotas que se contaron mil veces hacían su aparición una vez más para informar a alguna de las nuevas novias de los eventos transcurridos una década atrás. Las risas sonaban por doquier. Las historias de la adolescenci...

Sueños de libertad

Había llegado el día. Cerraron su celda de golpe, apenas había logrado entrar. Hacía diez años que estaba preso por un crimen que sí había cometido. Era culpable pero había hecho justicia. Al menos eso se repetía todas las noches antes de dormir, como para calmar a su conciencia. El juicio había sido un desastre. Se había salvado por un pelito de la pena capital, y sólo porque se había declarado culpable. Su abogado era el más incompetente que el Estado le pudo encontrar. No querían nada librado al azar. Un latino asesinando brutalmente a un destacado cura norteamericano, en Texas. La prensa lo había condenado y hasta la Iglesia lo quería muerto. Silla eléctrica o perpetua. La sacó barata. Hacía cerca de dos años el plan de fuga se le había presentado casi sin pedirlo. El estado de la cárcel era deplorable y las condiciones, inhumanas. A veces eso no es tan malo para un preso que está condenado a cadena perpetua y el intento de fuga sólo provocaría un traslado a una prisión de mayo...

Tic tac tic tac tic...

Dale, flaco, levantate. Hace varios minutos que te estoy avisando que ya es la hora. Pero claro, anoche te quedaste pelotudeando hasta cualquier hora con netflix, y ahora vas a ser un zombie por el resto del día. Igual mi miedo es que cuando finalmente decidas levantarte, en un arrojo de ira, me tires contra la pared o contra el piso o contra algo duro, como ya sucedió más de una vez. Y tu chiche nuevo, no te avisa. No sirve para nada. Solo conservás ese trabajo, porque yo, todos los benditos días, decidido despertarte. Podría no hacerlo. Fingir que me quedé sin energía y ya. Pagaste una fortuna por ese celular y ni siquiera te despierta. Qué despilfarro. Yo te conozco hace años, sé que en breve vas a pegar un salto épico de la cama, vas a aterrizar en la ducha, a putear porque la vas a prender y te vas a congelar antes de que el agua se caliente. Esto pasa con cierta frecuencia. Una vez cada quince días mas o menos y lo pago yo. Espero que esta vez me tires contra el sillón. Me ...