Entradas

Escapando de la Rutina

Las hienas lo tenían rodeado. Carlos hacía un mes que las venía esquivando magistralmente. Había recurrido a miles de artimañas y sobre todo, a la suerte. Pero ésta se le había acabado. Viajó solo. Le propuso a su mujer, para salir de la rutina, irse de vacaciones a las estepas africanas, cual turismo aventura, rodeados de animales salvajes, predadores por excelencia. Ella no lo dudó ni un segundo y lo abandonó.  Le pidió el divorcio justo antes de que subiese al avión. No tenía ninguna intención de seguir casado con ese tipo, aún si volviera con vida de esa misión suicida. En África se encontró con otros que tenían el mismo anhelo: Intentar sobrevivir donde triunfa el más apto. El grupo contrató un guía para que los adentre en la selva. Ya el primer día, tuvieron una muestra de los que les esperaba. Una manada de leones, devoró al guía y a parte del grupo. Carlos se había preparado mucho para tal empresa. No era un improvisado. Hizo todos los cursos que consideró necesario...

El Primer Beso

Entró a la cocina y me vio. Ahí, en un rincón, ido. Luces apagadas, música fuerte, perdido en mis pensamientos, en mis dudas, en mis miedos. Yo no estaba en esa habitación. Se acercó como pidiendo permiso, buscando mi mirada, que la esquivaba deliberadamente. -¿Querés que me vaya? - Me preguntó, mientras se acercaba casi bailando - No, no. No te vayas. - Le respondí con las escasas palabras que lograron salir de mi boca Tenía miedo. Era un adolescente, con pánico. Acorralado en una cocina, en una de las tantas fiestas que se hacían en alguna casa en Diciembre. Ese no fue nuestro primer encuentro, los anteriores fueron bochornosos. Para mi, para ella, para todos los que sabían la historia. El problema era yo, o ella, o todo. Hoy me considero un tipo tímido, pero en aquello años... ¡mi dios! Era un papelón. No podía sostener la mirada de una mujer que me pareciese linda. Si no la podía mirar, ¿ Cómo la iba a encarar ? Y ella... era preciosa. Fuera de mi alcance, a mi entender. P...

Flechazo 2.0

Fue un flechazo. No encuentro otra descripción. Todo comenzó sin pensarlo. Llovía a cántaros. Me puse la campera gruesa que jamás utilizo y fui al ciber, como todos los miércoles, para imprimir el cuento del día. El destino, o vaya a saber qué cosa, quiso que me tropezase con ella. Así, como en las pelis mas románticas que se les pudiesen ocurrir. Dos extraños, apurados por la vida, chocan en una esquina, se les cae todo, se ayudan, se levantan, se miran, y... Se puso de pie, y se fue. Como si no hubiera pasado nada. Yo ya me había olvidado la razón por la que había salido de casa. La veía alejarse, rezando por que en algún momento frene, dé media vuelta, y me mire. Un segundo. Es todo lo que necesitaba. Una señal de que no era el único sumido en un caos incomprensible. Al llegar a la esquina se detuvo, la vi dudar, como debatiéndose entre cruzar la calle o mirarme. Tal vez eran ideas mías. Seguramente eran ideas mías. Yo seguía detenido en  tiempo y espacio. Inmóvil, petrificado...

Flechazo 1.0

Fue un flechazo. No encuentro otra descripción. Todo comenzó sin pensarlo. Llovía a cántaros. Me puse la campera gruesa que jamás utilizo y fui al ciber, como todos los miércoles, para imprimir el cuento del día. El destino, o vaya a saber qué cosa, quiso que me tropezase con ella. Así, como en las pelis mas románticas que se les pudiesen ocurrir. Dos extraños, apurados por la vida, chocan en una esquina, se les cae todo, se ayudan, se levantan, se miran, y... Se puso de pie, y se fue. Como si no hubiera pasado nada. Yo ya me había olvidado la razón por la que había salido de casa. La veía alejarse, rezando por que en algún momento frene, dé media vuelta, y me mire. Un segundo. Es todo lo que necesitaba. Una señal de que no era el único sumido en un caos incomprensible. Al llegar a la esquina se detuvo, la vi dudar, como debatiéndose entre cruzar la calle o mirarme. Tal vez eran ideas mías. Seguramente eran ideas mías. Yo seguía detenido en  tiempo y espacio. Inmóvil, petrificado...

Yendo de la cama al taller

Ganó el Barca. Qué placer ver jugar a esos tipos. Me queda una hora para llegar al taller. Aunque también debo imprimir el cuento de hoy, y... Si, también debería bañarme. Tendría que haber hecho esto antes. El tiempo vuela cuando ves a Messi.  Cuarenta y cinco minutos... No habían pasado cuarenta y cinco minutos. Fue un suspiro. Messi y compañía me habían birlado cuarenta y cinco minutos de un miércoles. Creo que no llego. Imprimir, bañarme, viajar y... estacionar... en Almagro. Todo en sesenta minutos. Di-fi-cil. En el ciber me acordé que debería imprimir los otros cuentos para poner en el respaldo del asiento del acompañante del taxi, así la gente puede leer mientras viaja. ¿Quién sabe? Mirá si se sube alguien, lee algún cuento, queda impactado y lo quiere llevar al teatro! o al cine! ¡Andá a saber! Media hora. Ducha y salgo. Podría bañarme en cinco minutos. Pero cuesta salir de la ducha. Casi tanto como entrar. Quince minutos para el curso. Varado en la vía. ¿Quién me m...

La sopa de la vieja

Cuarenta grados bajo cero… bueh, no hacían cuarenta grados bajo cero, pero se sentía así. No había buzos, ni pulóveres que alcanzasen. No había manera. Hacía frío. No entiendo para que inventaron el invierno. ¿En qué estaban pensando? Imaginate verano. Calor. Salir a la calle en remerita, short, ojotas... eso es vida. O eso debería ser vida, bah. Pero no, nada en esta vida es tan simple. Tenemos tres meses de esos, y al tiempo llega lo opuesto. El temible invierno. Lo peor de todo es que hay fanáticos acérrimos del invierno. Come on! Gente mayor! No hay otra explicación. Gente que se encierra en su casa, con la estufa y no sale en tres meses. Pero, para ser absolutamente sincero, hay aaaaaalgo bueno en el invierno. Debe haber más cosas, que aún no descubrí. Si el invierno no existiese, posiblemente tampoco existiría la sopa de mamá. Ya solo por esa sopa, valen la pena esos tres meses de tormento. Todo por una sopa. ¿Se podría tomar la sopa en primavera, u otoño? Claro que sí, pe...