El robo al conde
Te voy a robar lo más valioso. Esas eran las palabras textuales de la carta que acababa de recibir el conde. Se explayaba sobre qué cosas consideraba de valor, como el coloso de diamantes que tenía escondido en el sótano, o el cáliz de oro que se hallaba en el salón de las reliquias. En ese cuarto había innumerables objetos de valor. Todo lo que el dinero podía comprar y algunas cosas incluso más valiosas. Era su orgullo y donde se pasaba gran parte del día. Admiraba cada pieza y aburría a quien tuviese a mano contándole como había conseguido cada reliquia. El conde era la persona más rica de la ciudad. Más rica, más poderosa e influyente. Podría ser rey si alguna vez se lo hubiese propuesto pero no le gustaban las guerras, la diplomacia y la idea de tener que alimentar a un pueblo entero. Tenía todo el dinero del mundo y su único hobby eran las reliquias. Mandaba a exploradores a conseguirlas en las partes más recónditas del mapa. Él jamás abandonaba la ciudad por temor a que l...