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Mostrando entradas de agosto, 2018

Carta de lector

Buenas tardes, mi nombre es Leopoldo y tengo 62 jóvenes primaveras. El motivo de esta carta es para refutar de plano el artículo del número anterior que aseguraba que las personas mayores de 60 años tienen sexo a los sumo una vez por mes. No se quien fue la descerebrada que escribió semejante barbaridad. Se nota que entrevistó a personas que no representan en lo más mínimo a la gente de nuestro rango etario. Es una falta de profesionalismo que lo hayan publicado así, sin chequear ni nada. Como les dije tengo 62 años y mi vida sexual es plena y placentera. Tal vez ya no puedo hacer algunas de las poses acrobáticas que leo en esta revista, pero la frecuencia es mucho mayor que una por mes. Yo diría que es una por semana si recibo los estímulos necesarios. Y si, los recibo. Mi mujer, Clotilde era muy fogosa en su juventud y aún le queda nafta en el tanque. Ella es chapada a la antigua y no sabe que leo esta publicación todos los meses. Se escandalizaría. Es una lástima, porque sería idea...

Deseos

La puerta se abrió y no era ella. Miraba el reloj con desesperación. La fiesta se estaba acabando y no aparecía. Fabián la había organizado únicamente por ella. Ya estaba harto de los cumpleaños, cenas monótonas e irse a dormir temprano. Hubiese preferido hacer otra cosa. No sabía bien qué pero estaba convencido de que había algo más divertido para hacer en su trigésimo cumpleaños. Sin embargo organizó esa pantomima para verla. No podía faltar. Le había dicho que tal vez pasase un rato. Tal vez. Esa duda lo carcomía por dentro. Si la fiesta terminaba y no aparecía, esa sería la señal inequívoca de que todo había acabado. Él jamás se perdería su cumpleaños. Jamás de los jamases. Por lo visto a ella le importaba todo bastante menos. Habían ido casi todos sus amigos. Las anécdotas que se contaron mil veces hacían su aparición una vez más para informar a alguna de las nuevas novias de los eventos transcurridos una década atrás. Las risas sonaban por doquier. Las historias de la adolescenci...

Sueños de libertad

Había llegado el día. Cerraron su celda de golpe, apenas había logrado entrar. Hacía diez años que estaba preso por un crimen que sí había cometido. Era culpable pero había hecho justicia. Al menos eso se repetía todas las noches antes de dormir, como para calmar a su conciencia. El juicio había sido un desastre. Se había salvado por un pelito de la pena capital, y sólo porque se había declarado culpable. Su abogado era el más incompetente que el Estado le pudo encontrar. No querían nada librado al azar. Un latino asesinando brutalmente a un destacado cura norteamericano, en Texas. La prensa lo había condenado y hasta la Iglesia lo quería muerto. Silla eléctrica o perpetua. La sacó barata. Hacía cerca de dos años el plan de fuga se le había presentado casi sin pedirlo. El estado de la cárcel era deplorable y las condiciones, inhumanas. A veces eso no es tan malo para un preso que está condenado a cadena perpetua y el intento de fuga sólo provocaría un traslado a una prisión de mayo...