El Pájaro del Vecino
El gato se murió. Seguramente por comer esa planta de colores extravagantes que tanto le gustaba. Todo tiene un precio. Estaba hinchado, de un color raro. Estaba muerto, decididamente muerto. Hice un hoyo en el jardín, y lo enterré, como supongo se debe enterrar a las mascotas. A la vista de las miradas curiosas de los vecinos. No lo querían. Debían estar contentos. Se había cansado de comerse cuanto pajarito comprase el vecino. Era una experto, perdí la cuenta de cuantas veces vino Oscar a quejarse de que mi angelical gatito había asaltado una vez más la jaula con su nuevo pajarito. Yo creo que le gustaba ver como se las ingeniaba para matarlos, una y otra vez, porque sino no se entiende por qué no cambiaba de jaula y ya. Pero por lo menos una vez por semana, sonaba el timbre, y sabía que era Oscar. Las primeras veces me escandalicé y reté a mi gato fuertemente. Con el pasar de las semanas, ya lo esperaba con un mate, unas facturas y una pantomima que ya tenia aceitada. A la mañ...