El tipo tenía un poder. Uno lo veía en la calle, y parecía uno más; nada que llame la atención, ni nada que haga sospechar que este tipo, tenía un poder. De todas formas él lo padecía. No era algo que conllevara felicidad a su vida, sino todo lo contrario.
Esa sensación de omnipotencia por momentos lo embriagaba, pero la mayor parte del día lo atormentaba.
Era un tipo muy querido por la gente que lo rodeaba, aunque apenas lo conocían. Se lo podría definir como alguien solitario. Disfrutaba la soledad, y la necesitaba. Nadie podía conocer su secreto. Porque era un secreto. Si la gente supiese... Con seguridad sería excluido, y analizado por toda la comunidad científica. No. Nadie, por ningún motivo debería enterarse del secreto de Mike.
Tenía la certeza que lo verían como un fenómeno y lo apedrearían hasta el cansancio. Básicamente vivía atemorizado, con un poder que él no pidió.
Cada 6 meses se mudaba para no levantar sospechas, ya había recorrido el país en un par de años.
¿Profesión? No necesitaba trabajar para vivir, y he aquí uno de los problemas: La gente comenzaba a murmurar cosas luego de 6 meses sin que el nuevo vecino no trabaje en nada.
Mike tenía la capacidad de duplicar todo lo que tocara: un pan, dos panes. Una mesa, dos mesas, y así. Podría ser absurdamente millonario, pero optaba por la discreción. Solía hacer una sola compra de alimentos en esos 6 meses. No necesitaba más. Cuando se mudaba regalaba la propiedad a algún vagabundo y partía a tierras desconocidas.
Todo iba de maravillas, hasta que llegó a Rancho Nefasto. Una pequeña e insignificante localidad en el medio de la nada, de no más de 300 habitantes. Un escondite ideal, suponía él. Nada más lejano a la realidad.
Rancho Nefasto se caracterizaba por tener aldeanos curiosos, vividores, y chantas. Mala gente, bah. Luego de 2 meses de observar a Mike; un borracho local, y su cantinero, decidieron hacerle una visita. Algo así como el comité de bienvenida del pueblo
-Buenas tardes, venimos a molestarlo por un temita puntal – Dijo el borracho
-No son molestias, pero díganme – Dijo Mike
-Bueno, usted sabe que Nefasto es una localidad pequeña, todos se conocen… – dijo el cantinero al pasar
-Y nosotros vinimos a presentarnos – Interrumpió el borracho
-No, claro que no vinimos para eso – Dijo enfurecido, el cantinero
-¿Me perdí de algo? – Preguntó Mike, desconcertado.
-Sabemos su secreto – Acusó el borracho
De repente, Mike empalideció. Se quedó callado unos instantes, intentando descifrar si era una broma típica del rancho, o si realmente estaba en problemas
-Si, lo sabemos. Pero pierda cuidado. No queremos arruinarle el negocio. Queremos una generosa tajada – Añadió el borracho frotándose las manos
-¿Negocio? ¿Tajada¿ ¿De qué están hablando? – preguntó, mareado Mike.
-Vamos hombre… - dijo el borracho
-Mejor dejémosle que lo piense- finalmente dijo el cantinero, mientras se retiraba.
Mike se quedó mirándolos, mientras éstos se marchaban.
El borracho y el cantinero (el dúo Nefasto), daban por hecho que Mike se dedicaba a la venta de drogas (no sabían cual, y poco importaba), era la explicación a la que habían llegado luego de intensas discusiones.
El tipo no trabaja, apenas salía de su casa. Su conducta era sospechosa y el dúo Nefasto lo había descubierto, no querían que se fuera, sino que querían plata. Nada mejor para la economía de Nefasto que un vendedor de droga.
-No lo negó – Dijo el borracho con satisfacción
-Claro que no lo negó, uno no niega lo que es – El Cantinero
-¿Vas a cerrar la taberna, ahora que el dinero nos va a tapar? – El borracho
-No, tenemos que mantener las apariencias. Yo seguiré atendiendo el bar y tú… Tú sigue bebiendo. – El Cantinero
-De acuerdo. Por lo visto no tengo alternativa – El borracho
Mike pronto olvidó esta charla, consideró que era una broma, se lo debían decir a todos los aldeanos nuevos. Un par de días después el pueblo entero comentaba la buena nueva: Había un dealer.
Esto era un gran acontecimiento para un pueblo en el medio de la nada, un dealer los pondría en el mapa.
El Sheriff, no tardó en enterarse, pero no actuó de inmediato, Tan chanta como el resto, decidió esperar al momento oportuno para visitar al forajido
Mientras tanto, Mike recibía a diario dos o tres cartas con pedidos, a su entender, irracionales:
“Necesito un poco para una reunión en casa” ¿Tiene stock?” “¿Puedo pasar a buscar algo esta noche?”
Fue entonces cuando decidió hablar con el dúo Nefasto
-Así que finalmente decidiste negociar –El cantinero
-¿Qué es lo que ustedes creen que yo oculto? – Mike
-Drogas. En tu jardín debe haber una plantación entera – Sentenció el borracho
Mike dudó. Un narcotraficante o un fenómeno. Había dos caminos
-Ya veo, no se les escapa nada. – Reconoció Mike y acotó: - ¿Quién mas lo sabe?
-mmm unas 300 personas – Calculó el cantinero
- Eso es todo el pueblo- Dijo Mike horrorizado
-Por lo visto la droga no te impide contar – Dijo en tono burlón el borracho
-¿El Sheriff también? - Mike
-¿El Sheriff? Por supuesto. El más que nadie quiere saber la calidad de tu… mercancía – El cantinero
-Ah, me olvidaba. Para esta noche vamos a requerir una muestra. – El borracho
-Lo siento, pero eso no será posible. El cargamento me llega la semana entrante – Mintió Mike
En una semana, Mike necesitaba droga, la que sea, un poco, lo mínimo. El pueblo se lo exigía y quizás había encontrado la manera de radicarse finalmente en un lugar. El precio era inundar con droga el pueblo. Pero, después de todo, no era un pueblo modelo, ni sería recordado por alguna de las hazañas de sus aldeanos. El pueblo estaba infectado, él solo haría su parte.
Luego de recorrer todos los pueblos aledaños y de visitar los más oscuros y peligrosos callejones, Mike consiguió lo que buscaba. Ahora solo hacía falta multiplicarlo. No necesitaba de un ritual, ni ceremonia. Lo que tocaba, se duplicaba. De todas maneras no quería que su casa se convirtiera en un depósito de estupefacientes. Con lo mínimo alcanzaba.
Volviendo al rancho se topó con el Sheriff.
-Por lo que escuche, usted no va a ser alguien que pase inadvertido por acá – El Sheriff
-La gente dice demasiadas tonterías – Se defendió Mike
-Realmente espero que su principal cualidad sea la discreción – El Sheriff
-¿Y la secundaria? – Mike
-No sea impaciente. Lo sabrá cuando llegue el momento oportuno – Se despidió El Sheriff
(CONTINUARA!!!)
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