Mike sabía que si el sheriff estaba involucrado estaría a salvo, al menos por un tiempo. Pero el caos no se hizo esperar. Al regresar a su rancho, una multitud adicta clamaba una dosis para acallar su espíritu enfermo.
Habían registrado su casa en busca del placer prohibido, y al constatar que la casa estaba limpia, la destrozaron.
El dúo Nefasto intentó contener a la turba, pero les fue imposible
-Esto se nos fue de las manos – Se lamentó el borracho
-Si, y creo que nuestra fortuna por venir se acaba de evaporar – Afirmó el cantinero
-Si todo el pueblo lo sabe, no hay posibilidades de que saquemos algún rédito – dijo el borracho
-Es tu culpa. Eres un borracho delator. Solo te faltó salir a la calle con un megáfono y gritarlo a los 4 vientos. – Se quejó el cantinero.
-Claro, porque tú te encargaste de que yo no abriese la boca,¿No? Tendrías que haberme encerrado en el sótano del bar. Con un par de tequilas bastaba. – Dijo entristecido el borracho
Se quedaron lamentando su mala fortuna, en busca de algún culpable que no los abarcara.
Dos semanas pasaron para que el pueblo sienta el impacto del dealer. Todo aldeano tenía una dosis en su poder, no para consumir exclusivamente, sino por el hecho de tener y poder ofrecer a las visitas. Una cuestión de status.
Los atendidos por sobredosis, en la clínica local, se habían disparado. El pueblo corría peligro de extinguirse. Fue entonces cuando el sheriff decidió actuar. Era su oportunidad para saltar a la fama como “El Sheriff que atrapó al narco mas peligroso de la región”, ya se imaginaba los titulares de los diarios a nivel nacional, entrevistas pagas, y hasta quizás una película en su honor.
Había estado vigilando a Mike, y no comprendía como conseguía la droga. En el jardín no había nada, no le llegaban cargamentos por la noche, incluso no entregaba la droga en mano, así que tampoco entendía como demonios cobraba. En un par de ocasiones vio fajos de dinero que los aldeanos le dejaban en la puerta de la casa, pero él jamás tocaba ese dinero, se lo llevaba el viento o algún necesitado.
-Voy a atrapar a Mike, está destruyendo el Rancho y necesito que ustedes dos me lo entreguen en bandeja – El sheriff
-No somos delatores – Se defendió con orgullo el borracho
-Oigan, solo necesito que averigüen como y donde esconde la droga, si tiene un sótano, desván, o algo. Hace un tiempo que se las arregla para proveer a toda la ciudad, y nadie reconoce recibir la droga, ni pagar por ella.
-¿Y qué recibimos a cambio por semejante colaboración? – Preguntó el cantinero
-Algo que les encanta
- ¿De cuánto estamos hablando? – Preguntó intrigado, el cantinero
-¿Qué tal de su libertad? ¿Les parece un buen número?
-El indicado. – Respondieron a coro
El tema se le había ido de las manos a Mike. La gente era adicta. Su casa había sido revisada en más de una ocasión. Tenía que encontrar alguna solución y pronto. (CONTINUARA!!!!)
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